Casi siempre lloro, la mayor parte del tiempo es por pena, pero aves es por felicidad:
Lloré de felicidad el día en que te di a probar naranja morena y vi como tus ojitos se llenaban de emoción, de felicidad y en ese momento dentro de mi lloré, lloré por la felicidad de ver tu cara convertida en niña de nuevo, por hacerte feliz.
También lloro cada vez que logró estar despierto para el amanecer, adoro los amaneceres, sobre todo en mi casa donde la luz del sol aún no es directa y no se sabe muy bien si es mañana o tarde… con el verdor de mi jardín y el aire rico de la mañana, lloro por la felicidad de poder sentir ese instante…
Lloro por las noches al sentirme feliz de la familia que tengo, que puede parecer muy mala a veces, peor en el fondo se que son lo mejor que me pudo tocar.
A veces también lloro de pena:
Lloro por la pena de no poder disfrutarte de otra manera, por no saber hacer las cosas bien para ambos.
Lloro por no saber apreciar a mi familia día a día, por darme cuenta que a los que más quiero y necesito de manera vital, son a los que peor trato a diario.
Lloro por la gente que vive en mi país y sufre por lo que no debiera; también por la gente que no es de mi país y que sufre por intereses de un puñado de imbéciles.
Lloro porque soy un descarado, porque a veces me odio; lloro porque me entristece tanto nuestra situación (más bien mi situación), pero no hago nada para cambiarlo, porque me entristece como les trato y no hago nada para cambiarlo, porque veo como sufren y no hago nada para cambiarlo; lloro porque veo lo mal que estoy haciendo las cosas y sigo sin hacer nada para cambiarlo

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